Después de
pactar la paz con las naciones chichimecas que poblaron los llanos de
Zacatecas, en la hacienda de Ojocaliente propiedad de Lucas Ruis fue instalada
una doctrina de indios en el año de 1600, donde los nativos de la región
acudían a conocer el evangelio. Así
pues en la primitiva capilla de Lucas
Ruis se erigió el curato y pasó a ser el centro religioso de la región donde
los habitantes de los pueblos y estancias localizadas en el moderno territorio
de Luis Moya acudían a la doctrina y a misa.
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| Templo en Luis Moya, Zac. |
Al sur del
valle de Ojocaliente, se ubica la hacienda de San Antonio de Los Griegos, asentamiento
humano que se originó como un puesto a principio del Siglo XVII y para 1630
acudieron vecinos de los reales mineros de la región con la intención de fundar
un pueblo, tal empresa no prosperó ante la oposición de la dueña Doña Catarina
de Antuna viuda de Don Pedro de Espino.
En ese lugar construyeron una modesta capilla para el culto católico.
El nueve de
noviembre de 1658 Don Juan López Serrato y Canas,
comisionado del Santo Oficio y Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de
la Cd. de Guadalajara y visitador por el Ilustrísimo. Sr. Dr. Dn. Juan Ruis
Colmenares del consejo de su majestad, arribó a la hacienda de San Antonio de Los Griegos, ahí
visitó la nueva capilla de la hacienda
construida por el capitán Lorenzo de Espino.
Durante el
siglo XVIII la bonanza minera y la paz que se vivía a la vera del Camino Real
de Tierra Adentro propició que tanto en
la hacienda de Los Griegos como San Francisco aumentara poco a poco la
población, en efecto para finalizar el siglo, en 1797 en el rancho de San Francisco con su agregado
de San Dimas, que distaba de la cabecera
del curato 4 leguas al sur, estaba
poblado por 37 familias que se componían de 187 personas, así en la hacienda de
Los Griegos, que distaba de la cabecera 5 leguas, al sur, y lo poblaban 40 familias, que se componían de 180
personas.
En 1864 fue erigida
la Diócesis de Zacatecas y, tanto la Parroquia de Nuestra Señora de los
Milagros como la feligresía de San
Francisco fueron segregadas de la Diócesis de Guadalajara para conformar la de
Zacatecas.
El 19 de marzo
de 1930 se erigió la Parroquia de San Francisco de Asís, en lo que fue la
antigua Vicaria Fija de San Francisco de los Adame, segregado de la Parroquia
de Ojocaliente; en el decreto emitido por Don Ignacio Plasencia y Moreira sexto
Obispo de Zacatecas, también se separó el territorio perteneciente a la antigua
vicaria fija de San Pedro Piedra Gorda y lo anexó con el mismo título a la
nueva Parroquia de San Francisco de Asís.
La erección de
la parroquia se hizo el día 25 de marzo, fiesta de la Encarnación del Señor y
la toma de posesión del nuevo párroco en la misma fecha. Fue delegado el Sr.
Cura y Vicario Foráneo de Ojocaliente para que pusiera en ejercicio el decreto;
dando posesión al primer párroco, el nombramiento de Párroco fue para el Señor
Cura D. Juan M. Acevedo quien tomó posesión de la Parroquia el 25 de marzo a
las nueve y cuarto de la mañana en el templo de la Vicaria, el Sr. Cura D. Juan
Acevedo, nuevo párroco hizo ante el Señor Vice-Cancelario de la Sagrada Mitra,
la profesión de fe prescrita por el derecho y el juramento contra el
modernismo. Terminado este acto el Señor Cura y Vicario Foráneo Presbítero Don
Tomás Castañón, delegado por el Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Doctor Don
Ignacio Plasencia y Moreira sexto obispo de Zacatecas, dio lectura al decreto
de erección de la nueva parroquia en la Vicaria de San Francisco de los Adame
dándole por titular y patrón al Seráfico San Francisco de Asís, luego enseguida
el nombramiento del nuevo párroco extendido a favor del Señor Cura Don Juan
Acevedo y en nombre y con autorización del Ilustrísimo y Reverendísimo Doctor
Don Ignacio Plasencia y Moreira, le dio posesión canoníca de su nuevo cargo, finalizando
la ceremonia a las once de la mañana.
El coro estuvo
desempeñado por cantores y músicos de Ojocaliente, quienes ejecutaron la misa a
dos voces, de Santa Infancia por el Exmo. Cardenal Juan Cagliero.
Entre los
fieles se notaba grandísimo entusiasmo y para hacerlo patente la mayor parte de
ellos por la noche del día veinticuatro iluminó los frentes de sus casas y el
día veinticinco los adornó.
El día
veinticinco desde las cuatro de la mañana se hicieron varias detonaciones como
demostración de contento siguiendo estos hasta después de la Misa Solemne.



